La carta de una chica con cáncer que conmovió al mundo: “Tengo 27, no me quiero ir”

Holly Butcher era australiana y compartió en un texto lo que aprendió desde que se enteró que le quedaba un año de vida.

La Carta que publicó :

La vida es frágil, preciosa e impredecible y cada día es un regalo, no derecho adquirido.

Solo quiero que la gente deje de preocuparse tanto por las tensiones pequeñas e insignificantes. has lo que puedas para que tu tiempo se sienta digno y grandioso.

Salí afuera y respira aire hasta lo más profundo de tus pulmones. Mira qué azul es el cielo y qué tan verdes son los árboles. Pensó en lo afortunado que eres de poder hacer eso: respirar.

Es posible que te hayas quedado atrapado en el tráfico o hayas dormido mal porque tus hijos te mantuvieron despierto, o que tu peluquero te haya cortado el pelo muy corto. Deja que toda esa mierda se vaya. Te juro que no vas a pensar en esas cosas cuando sea tu turno de irte. Veo mi cuerpo perderse delante de mis ojos, no puedo hacer nada con eso y lo único que quiero es poder tener un cumpleaños o una Navidad más con mi familia. O simplemente un día más con mi novio y mi perro. Sólo uno más.

 

 

Aprecia tu buena salud y tu cuerpo en funcionamiento, incluso si no tiene el tamaño ideal. Cuídalo y acepta lo increíble que es. Muevelo y aliméntalo con productos frescos, pero no te obsesiones con eso.

Sé agradecido por cada día que no tienes dolor e incluso por los días en los que te sentís mal porque tienes gripe, una lesión en la espalda o un tobillo torcido. Acepta que es una mierda, pero agradece que eso no ponga en peligro tu vida.

Dar, dar, dar. Es cierto que ganas más felicidad cuando haces cosas por otros que haciéndolas por ti mismo. Desearía haber hecho esto más.

Valora el tiempo con otras personas. Aprecia que tus amigos quieran compartir su tiempo contigo.

 

Abrazá a tu perro. Por lejos, voy a extrañar eso.

Trabajá para vivir, no vivas para trabajar.

En serio, hacé lo que haga que tu corazón se sienta feliz.

Come pastel sin culpas.

No te sientas presionado a hacer lo que otras personas podrían pensar que es una vida satisfactoria. Es posible que desees una vida mediocre y eso está muy bien.

Recuerda que si algo te hace sentir mal tienes el poder de cambiarlo: en el trabajo o en el amor, o en lo que sea. Tienes las agallas para cambiar.

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