Estatuas de madera en el restaurante “El pariente” en Saltillo.

Es muy común que cuando vallas en la carretera de Matehuala a Saltillo ya casi llegando a la hermosa ciudad de Saltillo encuentres un restaurante rustico donde venden unas ricas y suculentas, carnes, pollos y salchichas asadas por una baja cantidad y todos los tacos que quieras.

 

Pero aquí el tema es que en ese local de comida muy rica, existen una gran cantidad de estatuas dignas de admirar, ya que paseantes nacionales y extranjeros, se quedan sorprendidos por el tamaño y la calidad con la que estan talladas.

 

Algo peculiar es que la mayoría son quijotes que al parecer es lo que mas le llamaba la atención al dueño del restaurante y de las hermosas estatuas.

 

El nombre del restaurante es “El Primo”, y se localiza en el ejido Puerto México. 

 

EL GUARDIÁN DE DON QUIJOTE

A 40 kilómetros del taller de Fernando, la figura del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha ve pasar a los viajantes que transitan por la carretera 57, la vena principal de la nación que une el sur de México con el norte del país.

Frente al Quijote, Cantinflas sentado con su típico cigarrillo en la boca. Ambos dan la bienvenida a un restaurante de carne asada a un costado de la carretera, en el ejido Puerto México.

El Quijote no llegó montando a “Rocinante”, esta vez iba a bordo de una camioneta, junto a Cantinflas. Dos piezas de madera que un viajero le vendió al dueño del restaurante.

Estas figuras fueron esculpidas en el sureste mexicano y llevadas a Nuevo León por un vendedor de Oaxaca, que decidió hacer un alto en el camino para disfrutar un corte de carne asada.

“El Primo”, dueño del paradero de comida, quedó maravillado con las figuras, por los detalles de cada una, las formas y la manera en que los artesanos trabajaron la madera para crear estas obras de arte.

 

 

Una tarde del 93 conoció al Quijote y a Cantinflas, a partir de ese día de enero comenzó su afición por coleccionar las piezas. Dicha colección ahora alcanza las 250 esculturas que ha adquirido a lo largo de estos 24 años.

El orgullo de “El Primo” es que dichas esculturas llaman la atención de los viajeros, quienes hacen un alto en su trayecto para observar las estatuas apostadas sobre toneles enclavados en la tierra árida y envueltos por los matorrales de mezquite.

La afición de “El Primo” por estas figuras es tal que contrató a Martín para que las cuidara. Martín se convirtió en el guardián de las figuras de “El Primo”. Pasó de ser pastor y cuidar ovejas a velar por la existencia de las estatuas de madera.

Martín atiza el carbón para asar la carne y las salchichas que venderá más tarde. Son las 11:00 horas de un sábado. Faltan tres horas para que comiencen a llegar los comensales, que por el día serán bastantes, dice Martín.

Pero el gusto de los viajeros por llegar a este lugar va más allá del sabor de la comida. Son las estatuas de madera las que en realidad llaman la atención de los que pasan por la carretera.

 

 

“La gente piensa que las vendemos. Llegan y preguntan por el precio, pero les tengo que decir que no, porque son de mi jefe, él las colecciona y las cuida mucho”.

Entre las figuras sobresale, está la del Quijote, el personaje favorito de “El Primo”. Es el único libro completo que ha leído en sus 73 años de vida y por eso ha formado esta colección.

“’El Primo’ prefiere al Quijote, si se fijan, más de la mitad de las figuras son de él. Yo las cuido día y noche, de hecho casi me paga más por cuidarlas que por atender el restaurante”.

Una tarde de marzo llegó un grupo de canadienses al paradero de “El Primo”. Martín no hallaba cómo atenderlos. A puras señas les hizo saber que las piezas no se vendían, que sólo estaban en exhibición.

Maravillados con las piezas de arte, pasaron la tarde en el lugar recorriendo la yerba entre los toneles donde posan las figuras. Martín trató de atenderlos y cómo pudo se dio a entender. A pesar de los ofrecimientos de grandes cantidades de dinero, siguió las instrucciones de su jefe, las figuras no están en venta.

“Me ofrecían dólares y una buena cantidad, pero no las puedo vender porque son de mi jefe. Sabe exactamente cuántas tiene, viene cada semana y las cuenta, se pasa horas limpiándolas”.

 

 

Las figuras han soportado las inclemencias del tiempo, desde el sol abrasador del verano hasta las lluvias y granizadas de la temporada invernal. En algunas la madera se ha ido carcomiendo. Otras son nido de arañas que tejen sus redes en las coyunturas de las figuras.

Martín cuenta que su jefe no las ha querido restaurar, nunca las ha barnizado y algunas ya se han despedazado. Se mantienen en pie unidas sólo por un clavo oxidado.

Algunos traileros han incluso creado leyendas en las que las figuras son protagonistas. Cuentan que en las noches las estatuas cobran vida y caminan por la carretera, asustando a los viajeros y siendo el motivo de accidentes.

Pero según Martín esos mitos distorsionas mucho la realidad, atribuye esas leyendas a que las luces de los tráileres crean un efecto óptico al pasar por el lugar.

“Aquí no hay luz, entonces pasan los tráileres y con las luces hacen un efecto de sombras que parece que las estatuas caminan. Eso asusta a los traileros, pero nunca ha pasado nada”.

 

 

Martín convive con las estatuas desde hace dos años. Conoció a “El Primo” cuando llegó con un trailero que le daba un “aventón” a San Luis Potosí de donde es originario.

“Llegamos a comer. Yo andaba en Monterrey, porque fui a buscar trabajo, pero no encontré. Le pedí raid a un camionero y llegamos aquí. Cuando le conté al ‘Primo’ que andaba buscando jale, él me dijo que me quedara a cuidar a las estatuas”.

Desde entonces Martín vive en el predio conformado por dos cuartos hechos con lámina y madera. Atiende el restaurante y además cuida las estatuas. Cada semana recibe la visita del “Primo”, quien sólo va a verificar que sus figuras estén bien.

Para comunicarse con su familia Martín tiene que caminar varios kilómetros hasta el pueblo para conseguir un teléfono. En este lugar no llega la señal del celular. Otra opción es esperar a que llegue “El Primo” y le preste la camioneta para evitar la caminata.

A diario convive con los traileros o los paseantes que transitan por la carretera, pero sus compañeras siempre serán las estatuas de madera. Esas son con las que platica. A las que les cuenta lo mucho que extraña a su familia y que se quedan mudas ante las palabras de su guardián.

 

 

Las figuras también han sido objeto de un reportaje a nivel internacional, según Martín. En el Mundial de Brasil 2014 un grupo de reporteros estadunidenses recorrió desde México hasta la sede de la copa de futbol en auto, presentando los lugares de interés de cada país.

“Llegaron y entrevistaron a ‘El Primo’, se sorprendieron por las estatuas. Yo nomás los veía, no quería salir en la cámara. El reportero hablaba español y nos dijo que era para un programa de deportes”.

Diario, Martín despierta y lo primero que hace al salir de la cama es contar cada una de las estatuas, cerciorarse que no falta ninguna. Ellas siguen ahí posando y alegrando la vista de los viajeros y decepcionando a aquellos que no las pueden comprar.

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